LAS REUNIONES ACADÉMICAS

 

 

“A primera vista, para muchas personas tales reuniones podrían parecer una simple pérdida de tiempo […].  Pero luego de pensar mejor las cosas, uno puede concluir que ni siquiera el pensamiento científico puede prescindir de las sugerencias, la instrucción, el estímulo, la simpatía y el intercambio con el género humano a escala mayor, que se consigue en tales encuentros […].  La novedad de lugar y de circunstancia, la excitación por los extraños, o el refresco de ver otra vez caras bien conocidas, la majestad de rango o genio, las afables bondades de personas complacidas con el intercambio ocasional; los espíritus elevados, la circulación del pensamiento, la curiosidad;  las sesiones matutinas, el ejercicio complementario a campo abierto, el tablero bien arreglado y repleto de información, la hilaridad inofensiva y compartida, el palique verpertino; la brillante conferencia, las discusiones, debates o suposiciones entre personajes destacados; la narrativa de los procesos científicos, de esperanzas, frustraciones, conflictos y éxitos, las espléndidas oraciones panegíricas; estas y parecidas cosas que hacen parte de la celebración académica anual o bianual, deben considerarse valiosas en cuanto contribuyen algo real, sustancial e irremplazable para el avance del conocimiento […]. Tales cosas intervienen, por así decirlo, en la promoción de una cierta vívida y vibrante interacción del conocimiento, de un intercambio general de ideas y de una comparación y ajuste de ciencia con ciencia, de una expansión intelectual y social de la mente, de un ardiente amor por el estudio particular escogido por cada individuo y de una noble devoción por los intereses de la erudición compartida”  (Newman 1980: 36, en trad.).

 

 

Newman, John Henry. 1980. The idea of a university. In The Harvard Classics: Essays English and American ed. by Charles W. Eliot (Danbury, Connecticut, Grolier), 29-61.

 

 

Volver a Reuniones de ACOGE